
por Kathleen C. Barry, fanática orgullosa del Fondo Global para Mujeres,
vice presidenta del Consejo Comunitario del Fondo Global, además de donante y activista durante largo tiempo
Imagina un mundo sin pobreza, sin violencia, sin discriminación; un mundo donde todas las necesidades de las personas son satisfechas y donde sus derechos humanos están protegidos; un mundo donde los derechos de las mujeres son tanto los medios como el fin del desarrollo. Imagínalo… Y AHORA GLOBALÍZALO.
Ese fue el mensaje que me llevé a casa, después de cuatro días fantásticos con más de 1.300 mujeres de todo el mundo, incluyendo siete jóvenes increíblemente talentosas: el equipo del Fondo Global. El Fondo Global me invitó, como donante y activista, a asistir al foro de la Asociación para los Derechos de la Mujer y el Desarrollo (AWID, por su sigla en inglés) en Guadalajara, México. Enfrentando mi permanente temor de volar, decidí tomar esta oportunidad e ir. No imaginaba cuan privilegiada sería al obtener una intensa y panorámica visión del movimiento internacional por los derechos humanos de las mujeres.
Conocí a mujeres como Undarya Tumursukh, una inspirada estudiante graduada procedente de Mongolia, quien habló de los peligros que crean las agencias donantes que tienen visiones estereotipadas de las necesidades de las mujeres. En este caso, confundir a Mongolia con un país en desarrollo ha creado un nuevo rango de problemas. Quedé sobrecogida por la pasión, conocimiento y compromiso de Undarya, una de las muchas mujeres que asistieron a la conferencia.
Y resultó que el Fondo Global para Mujeres tiene una gran reputación. Desde Sudamérica hasta Europa del Este, el Fondo Global es visualizado como un socio real para las mujeres activistas en terreno: un socio que escucha, que responde respetuosamente, y con el cual se puede contar. ¡Y nadie me paga decir esto! Pude comprobar personalmente lo esencial que es escuchar a las mujeres, mujeres que están en primera línea creando cambios sistémicos reales.
"¡Yo sí quiero hablar contigo!" manifestó una organizadora política de Zimbabwe, al ver el nombre del Fondo Global en mi bolso, un día en que nos sentamos juntas para almorzar. Sin saber mucho acerca de la realidad política de Zimbabwe, pronto comencé a darle consejos a mi compañera de almuerzo. Entonces, milagrosamente, apareció Nicky McIntyre, Vice Presidenta de Desarrollo y Comunicaciones del Fondo Global, quien comenzó a escuchar, a escuchar realmente. Entonces, al hacer Nicky preguntas, la compañera de Zimbabwe comenzó a perder sus reservas. Y escuchando yo aprendí mucho más acerca de la situación en ese país. Aprendí la humildad, y tomé a pecho la regla cardinal del Fondo Global: ¡Escucha!
En la última noche del foro, todas las participantes se reunieron en una cena de gala ofrecida por el gobernador de la ciudad. Se desató una dramática tormenta eléctrica, dejándonos aporreadas por el viento y la lluvia, cuando corríamos en busca de abrigo bajo un antiguo corredor de techo arqueado. Junto a las integrantes del equipo del Fondo Global, Lanell Dike y Claire Ucovich, quienes dirigían el camino, mujeres de todas las edades comenzaron a bailar bajo la lluvia. Siempre llevaré conmigo la visión de Nicky (a quien solo había visto en trajes oscuros y formales), totalmente mojada, con sus pantalones enrollados, con una rosa blanca atrapada entre sus dientes, bailando una danza escocesa junto a la banda de mujeres mariachis.
Estas son mis impresiones perdurables del foro: una visión de un mundo justo y sustentable donde los derechos de las mujeres lleguen a ser los medios y los fines; la visión de tantas mujeres magníficas, de distintas edades y color de piel, danzando bajo la lluvia y con rosas blancas entre sus dientes. Lo que podría haber sido la pesadilla de una encargada de organizar la conferencia, se convirtió, gracias a la asombrosa vitalidad y gracia de las mujeres, en una conferencia gozosa, descollante y reafirmadora de la vida. Hagamos lo mismo con la globalización. ![]()
Por favor visite www.awid.org para más información acerca del Foro de AWID.
Foto © Melitta Tchaicovsky







