DERECHOS INDIGENAS

Por Myrna Cunningham, Integrante del Consejo Directivo del Fondo Global para Mujeres
El año 2002, mujeres indígenas de todo el mundo convocaron la Primera Cumbre de Mujeres Indígenas. Esta Cumbre, que se reunió en Oaxaca, México, se estructuró sobre la base del principio de empoderamiento, según el cual la estrategia para realizar cambios se sustenta en la idea que las mujeres nombran y definen los problemas sociales, al igual que sus soluciones.
Nosotras aprovechamos el momentum que estaba siendo construido desde la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y Formas Conexas de Intolerancia realizada en Durban, Sudáfrica, en 2001. En esta conferencia, al igual que en otras reuniones internacionales previas, las mujeres indígenas habíamos aprendido unas de otras, compartiendo propuestas y estrategias. De esta forma, comenzamos a dejar de lado nuestro temor de hablar claramente, al mismo tiempo que ganamos poder al forjar una identidad internacional unificada
En la Cumbre nos referimos a nuestra condición como mujeres indígenas e identificamos oportunidades para realizar nuestras propias investigaciones. Pues aunque conocíamos estudios que revelan la brecha económica entre los grupos indígenas y otras comunidades étnicas, muchas de nosotras percibimos que la brecha que existe entre hombres y mujeres indígenas en los pueblos al interior no está siendo analizada. Las encuestas nacionales no miden estas diferencias. Más bien, sólo presentan promedios nacionales que miden alfabetización, salud, escolaridad e ingresos.
También discutimos cómo los crecientes niveles de violencia son un reto para nuestro desarrollo. A lo largo de las Américas, las muchachas y muchachos están siendo forzad@s a prostituirse. Los conflictos armados y la militarización contribuyen a elevar el número de refugiad@s y migrantes que sufren el peso de la pobreza, el racismo institucionalizado y la alienación social.
Reconocemos que otro desafío para el total desarrollo de las mujeres es la reticencia de los hombres en aceptarnos. Necesitamos una campaña que promueva la conciencia entre los varones quienes en muchos casos constituyen el primer obstáculo para el acceso de las mujeres a la participación política. Aunque se han producido importantes avances en la apertura de espacios participativos para personas nativas en las esferas política, económica, social y cultural, aún hay problemas para integrar la perspectiva de las mujeres. Al interior de diferentes organizaciones indígenas existe una tendencia a tener escasa apertura respecto de las mujeres indígenas y su contribución.
Esto es especialmente irónico considerando la histórica filosofía de la dualidad, propia de los pueblos indígenas, que valoriza profundamente los roles de las mujeres. La dualidad surge del sistema de creencias indígena que señala que todos los seres humanos y espirituales están interrelacionados; el equilibrio y la espiritualidad son los principales motores del universo. Durante siglos, la riqueza de los pueblos indígenas tuvo su origen en la transferencia de valores, de generación en generación, a través de las historias orales. Las mujeres jugaron un papel importante como parteras, consejeras, guías espirituales y líderes, perpetuando el conocimiento, los valores tradicionales, la sabiduría de la comunidad y los talentos naturales. En este contexto, la relación entre mujeres y hombres siempre se ha visto como complementaria en todas las áreas de la vida privada y pública. Obviamente, este principio ha sido socavado por contactos culturales externos y por las cambiantes dinámicas de la comunidad.
En la Declaración y Plan de Acción de la Primera Cumbre, enfatizamos que el bienestar de nuestro pueblo depende del nivel de igualdad entre mujeres y hombres en términos de la toma de decisiones en las áreas públicas y privadas.
Para continuar la lucha de los movimientos de mujeres indígenas debemos establecer y reforzar las alianzas con todos los movimientos sociales en el mundo, en particular con otros movimientos de mujeres. Por lo tanto, exhortamos a todas las mujeres a crear, implementar y/o ampliar los canales de participación que incorporen a las mujeres en procesos de toma de decisiones en todo nivel, desde los locales y nacionales, hasta los regionales e internacionales. También las invitamos a hacer uso del acceso a los medios masivos de comunicación y otras formas de comunicación para ayudar a crear una red de apoyo integrada con el resto de la sociedad.
Las organizaciones internacionales comprometidas con los derechos de las mujeres tienen un papel crítico en promover la creación de nuevos procesos democráticos, de intercambio de experiencias, de construcción de capacidades y colaboración con las mujeres indígenas. Tod@s tenemos un papel que jugar para erradicar el racismo y la discriminación.
Myrna Cunningham, médica cirujana, vive y trabaja en Nicaragua. Es Vicepresidenta de la Iniciativa Indígena por la Paz, movimiento internacional indígena. Y como indígena, desde hace mucho tiempo es activista en pro de los derechos de las mujeres y de las personas indígenas en Centroamérica.
Fotografía © Alexander Panichev






